Memoria de 2019

Supongo que eso de que «cada vez los años pasan más deprisa» es un tópico extendido entre la población adulta que se debe al exceso de obligaciones que impiden dedicar más tiempo al disfrute de los pequeños placeres. Recuerdo un cuento de Jorge Bucay que hablaba sobre un pueblo de gente que anotaba en sus tumbas no el tiempo biológico que se le había concedido sino el que realmente había vivido, esto es, aquel en el que había encontrado plena satisfacción. Sea como fuere, este año se acaba y pronto comienza uno nuevo. Como a muchas personas, se me ha pasado volando, pero puedo sentirme afortunado de que he tenido muchos momentos en los que me he sentido completo y lleno de alegría. Sin lugar a dudas, se podría decir que 2019 ha sido un año de cambios en todos los sentidos, desde una apacible primera mitad, en la que me dediqué como un reloj a una agradable rutina, hasta una segunda en la que se publicó mi ópera prima y además me reincorporé a la docencia, lo cual ha supuesto un vu...