El siglo de la revolución, de Josep Fontana


Josep Fontana fue un historiador barcelonés nacido en 1931 que falleció en agosto de este mismo año de 2018 dejando tras de sí una larga lista de libros y artículos publicados junto a una prestigiosa carrera profesional. Su obra póstuma fue El siglo de la revolución (2017) una interpretación de la historia del mundo desde 1914 que ofrece una visión crítica de la evolución de los siglos XX y XXI desde la óptica de un historiador de la escuela marxista. Se presenta en una edición elegante pero sobria de unas ochocientas páginas sin ilustraciones, encuadernadas en cartoné con sobrecubierta y a un precio de 29€.
El libro, aunque no se menciona, está enfocado hacia un lector culto no especialista que conoce los fundamentos de la historia política, la economía y cuenta con una base de conocimientos de historia y geografía dado que hay bastantes elementos de cultura general que no se explican. En este sentido habría sido de agradecer que en aras de facilitar su lectura se hubiese incluido un glosario con definiciones de los conceptos más importantes, una cronología con los acontecimientos destacados y un apartado cartográfico para situar en el espacio los sucesos que se tratan sin recurrir a obras auxiliares. Ya no hablamos de ilustraciones o fotografías para poner rostro a los personajes.
No obstante, nada impide que una persona aficionada a la lectura sin una base previa pueda seguir el texto, pero se va a perder una parte importante del contenido por no comprenderlo si no recurre de manera frecuente a una enciclopedia y a un atlas histórico.
La obra de Fontana no está planteada como una visión objetiva de la historia reciente como pudiese estarlo en la medida de lo posible un manual universitario al uso. Es un ensayo de divulgación sobre un mundo abocado a la desigualdad creciente escrito con el claro objetivo de despertar la conciencia ciudadana, así pues se toma la licencia de hacer toda clase de juicios de valor sobre los sujetos históricos y de elaborar un discurso con una clara intencionalidad persuasiva.
Se han omitido los apartados dedicados al debate historiográfico, el estado de la cuestión o notas al pie con referencias. Solo las hay en el capítulo final, que viene a hacer un resumen de las ideas principales y ofrece la posibilidad al lector de realizar las oportunas ampliaciones y comprobaciones. Sí se ofrece una bibliografía al final con numerosas obras —la mayoría en inglés—, que son las que han servido de ayuda al autor. 
El hilo conductor del libro viene a ser el de la lucha de clases y la pugna entre oligarquías poniendo el foco principal sobre la historia política. Fontana entiende los últimos cien años como una dialéctica entre opresores y oprimidos, una historia en la que una clase dirigente compuesta por élites políticas y económicas gobierna para satisfacer sus intereses exclusivos y que con sus decisiones provoca efectos devastadores sobre un pueblo llano que cuando llega al límite trata de subvertir el orden establecido a través de la rebelión pacífica o la revolución y obtiene como respuesta el uso de la fuerza coercitiva para aplastar cualquier conato de cambio que no esté en connivencia con las apetencias del poder. Por si fuera poco, demuestra que entre opresores en la práctica hay relaciones de vasallaje y una lucha constante por su preeminencia y supervivencia política.
Para el autor, sin duda, el mayor criminal del siglo ha venido a ser el imperialismo, encarnado sobre todo por la política internacional de Estados Unidos, que no dudó en impulsar la guerra fría para satisfacer a sus élites y mantener controlados a sus ciudadanos, a costa de una política dañina y perversa que ha afectado al mundo entero y no ha dudado a la hora de establecer o mantener dictaduras cuando ha interesado para sus negocios. A lo largo del libro retrata a los distintos presidentes como personajes sin escrúpulos, como cínicos, paranoicos, psicópatas o marionetas al servicio de los oligarcas que los sustentan. No es una imagen muy distinta de la que ofrece de otras naciones imperialistas, desde el Reino Unido, pasando por Francia, Alemania, Japón y acabando por Israel, nación a la que desmonta por completo y la trata de tiránica.
Cuando acaba la guerra fría, sostiene, pasamos a un mundo globalizado donde la libertad de circulación de capitales no se corresponde con la libertad de las personas y la pérdida del miedo al peligro comunista o a la revolución ha permitido que se desmonten las conquistas sociales, proceso que se inicia a partir de la crisis de los años 70 y no ha dejado de crecer en la actualidad. Ahora bien, aduce que la situación puede revertirse mediante la acción política derivada de la participación ciudadana activa. Los problemas del mundo no son fruto de una coyuntura inevitable sino de acciones políticas interesadas y por ello con política deben corregirse.
En mi opinión, donde menos acertado está es en el recurso al insulto fácil —por ejemplo califica a Yeltsin de borracho o a Bush de mediocre—, en ofrecer una visión a veces partidista o maniquea en exceso, en su insistencia de ver el peor rostro de todas las cosas y en añadir un anecdotario que si bien ameniza la lectura, resta espacio a mejores explicaciones sobre temas relevantes —por ejemplo, no se habla de la muerte de Sadam Husein pero se explica con todo lujo de detalle los escarceos de Clinton con su becaria—.
Debo añadir que tanto por su posición política como por la intencionalidad de escribir historia-denuncia el autor induce la argumentación hacia su propósito con lo que se debe hacer una lectura crítica y no perder la perspectiva de que estamos ante una visión personal de la contemporaneidad.
Se puede estar más o menos de acuerdo con la postura de Fontana y algunas de sus afirmaciones, pero es indudable que tanto por la profundidad de conocimientos que demuestra como por su experiencia merece la pena tener en consideración lo que trata de transmitir y reflexionar sobre ello, lo cual es una de las finalidades del libro.
El género de la divulgación no suele ser cultivado por los historiadores, así que a menudo las listas de éxitos en este campo las copan periodistas o aficionados asociados al conservadurismo reaccionario con lo que una visión contrapuesta y bien documentada por parte de un antiguo catedrático de universidad es oportuna para tener distintos puntos de vista. Su estilo directo e incisivo hace que la lectura sea ágil y que no entre en uno de los vicios habituales dentro de la historiografía que es el de perderse en circunloquios que llevan al hastío del lector.
No me parece un libro recomendable para una persona que se acerca por primera vez a la historia del mundo actual por su considerable sesgo ideológico, pues puede llevar a que se genere una visión limitada del pasado, pero como interpretación crítica de los últimos cien años y ejercicio de reflexión su lectura es enriquecedora. Un último regalo que hizo un hombre sabio y preocupado al mundo entero.

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