Extravagancias coleccionables
Me encanta coleccionar cosas. Es una costumbre que tengo desde que era un chiquillo y echando la vista atrás puedo decir que he llegado a coleccionar desde lo más mundano hasta lo más curioso. Algunas de esas colecciones las conservo y otras las he perdido por accidente o por desinterés con el paso de los años. Entre las que he perdido recuerdo una muy peculiar. De niño me encantaban las «manos locas», esos juguetes elásticos y pegajosos que tirabas a la pared o al techo y hacían que las madres te diesen una buena regañina. Las primeras que se fabricaron eran de plástico sólido y cuando te golpeaban con ellas dolía. Seguramente por eso, aparte del interés por abaratarlas, las siguientes fueron mucho más blandas y se rompían con mucha más facilidad. Tenía una colección con todos los colores, guardadas en su envase original para que no se estropeasen. Así estuvieron hasta que mi prima pequeña las vio y las abrió sin compasión un día que no estaba en casa. En el mismo sentido, más ad...